Misioneros Redentoristas

¿Quiénes Somos los Misioneros Redentoristas?

La Congregación del Santísimo Redentor, fundada por San Alfonso María de Liguori, (9 de noviembre de 1732 en Scala, Nápoles - Italia) es un instituto misionero clerical, de derecho pontificio […] cuyo fin es “seguir el ejemplo de Jesucristo Salvador en la predicación de la Palabra de Dios a los pobres, como Él dijo de sí mismo: ‘Me envió a anunciar la Buena Nueva a los pobres’.

misioneros-redentoristasLos Misioneros Redentoristas llegaron a nuestra patria, Colombia, el 20 de agosto de 1884, y se establecieron en la ciudad de Guadalajara de Buga, donde construyeron el templo del Señor de los Milagros y el gran convento. En la actualidad los redentoristas colombianos formamos la Provincia de Bogotá con más de 200 miembros profesos y trabajamos en 25 sitios de la patria, en Venezuela, Bolivia y Ghana – África.

La Congregación del Santísimo Redentor está presente en 77 países. Su fin es "seguir el ejemplo de Jesucristo salvador, en la predicación de la divina Palabra a los pobres, como El dijo de sí mismo: "Me envió a anunciar la Buena nueva a los pobres".

La Congregación sigue el ejemplo de Cristo por la profesión de la vida apostólica, la cual comprende a la vez la vida especialmente consagrada a Dios y la actividad misionera de los Redentoristas. Para responder a su misión en el seno de la Iglesia, la congregación redentorista se organiza como un cuerpo misionero, cuyos miembros viven en comunidad.

Movidos por el espíritu apostólico e imbuido del celo del Fundador, fieles a la tradición marcada por sus antepasados y atentos a los signos de los tiempos, todos los Redentoristas, como cooperadores, socios y servidores de Jesucristo en la gran obra de la Redención:

  1. Son enviados a predicar el Evangelio de Salvación a los pobres
  2. Forman una comunidad apostólica
  3. Consagrada de modo especial al Señor
  4. Que recibe una formación apropiada
  5. Y cuenta con una forma adecuada de gobierno

LOS REDENTORISTAS EN MEDELLÍN

Los Redentoristas, desde inicios del siglo pasado, con el noble afán de buscar vocaciones para la vida misionera, desearon establecerse en tierras antioqueñas, para establecer un seminario menor, como era la costumbre en la época, pero todas las tentativas que se hicieron, fracasaron por una u otra circunstancia.

Sólo a comienzos de la década de los 60 del siglo pasado se abrió una bella oportunidad. Esta fue la gran Misión que llevó a cabo en la ciudad un gran equipo internacional en el que había un buen grupo de redentoristas españoles y nacionales. En esta ocasión el Señor Arzobispo concedió por fin la licencia canónica para que la Congregación del Santísimo Redentor se estableciera en su jurisdicción.

Ya no se trató de fundar un seminario menor pues éste se estaba ya construyendo en Manizales, sino de una casa de apostolado misionero, aunque no se descartaba la posibilidad de un lugar para el noviciado. Después de examinar diversos sitios para conseguir el lugar apropiado, se negoció el lote, para templo y convento, en el sector de la Quebrada Iguaná en las cercanías de las instalaciones dela IV Brigada del Ejército, en el lugar donde la compañía Esplánicas explotaba las arenas y el cascajo de la quebrada.

Al lugar elegido llegó a vivir el Padre Julián Jiménez el 11 de febrero de 1962, al que se agregó a los pocos días el Hermano Andrés Correa. La urbanización apenas se barruntaba por esos andurriales. El Hermano llegó con una campana (la que está en la torre) y otras cosas de primera hora. Tras los indispensables arreglos en la vieja casona se adecuó un lugar como capilla provisional dedicada al Señor de los Milagros y a San Alfonso, para poder ejercer el apostolado. El aviso correspondiente apareció en El Colombiano. Decía así:

Solemne bendición de la capilla de los Misioneros: "El próximo domingo 4 de marzo, a las 12 del día, tendrá lugar la solemne bendición de la capilla del Señor de los Milagros, a cargo de los padres redentoristas, llegados a Medellín hace un mes. Después de la bendición, tendrá lugar la santa misa. Amenizada por un coro de señoritas y se dará un recuerdo. Se invita al personal de Esplánicas, a los relacionados con los PP. Misioneros, a los devotos del Señor de los Milagros y de la Virgen del Perpetuo Socorro y en general a toda la ciudadanía e Medellín. La nueva capilla está ubicada en la calle 53 # 76-200, detrás de la IV Brigada".

Casi desde la llegada de los Redentoristas a Medellín, el Señor Arzobispo encargó a la comunidad el cuidado pastoral de la recién creada parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, en una zona muy popular Allí trabajarán varios sacerdotes por espacio de más de ocho años. Estos fueron los Padres José Ignacio Jaramillo, Diego Arboleda Valencia y Luis Enrique Valencia Santa con la colaboración abnegada de los Hermanos Benito Toro (que muere allí el 4 de diciembre de 1967) y Claver Erazo. A finales de julio de 1970 se entrega la parroquia a la curia arquidiocesana después de nueve años y medio de trabajo.

Una vez establecidos en el sector de la Iguaná, la comunidad redentorista inició un gran apostolado de predicación de retiros, encuentros, conferencias y santas misiones viviendo en la casa vieja que había sido de Esplánicas.

El culto en casa se reducía a la santa misa a la que asistían unas pocas personas por cuanto la zona que luego se urbanizaría, estaba cubierta de alta maleza, y las pocas casas habitadas estaban dispersas. El 15 de mayo de 1963 llega a Medellín como "Rector" el Padre Julián Ladrón de Guevara que será el gran promotor de la fundación y luego el constructor del templo y del convento. Será muy conocido y estimado en la ciudad por sus cualidades de gran predicador de ejercicios y de conferencias a toda clase de fieles.

PERFIL DEL MISIONERO REDENTORISTA

Los Redentoristas son apóstoles de fe robusta, de esperanza alegre, de ardiente caridad y celo encendido. No presumen de sí y practican la oración constante. Como hombres apostólicos e hijos genuinos de San Alfonso, siguen gozosamente a Cristo Salvador, participan de su misterio y lo anuncian con la sencillez evangélica de su vida y de su palabra. Con plena disponibilidad para todo lo arduo, como fruto de la abnegación de sí mismos, viven preocupados por llevar a los hombres la "Redención copiosa" de Cristo (Const. 20).

MISIONEROS DE LOS POBRES

Este es otro de los distintivos de los Redentoristas, San Alfonso solía decir que la atención a los más abandonados era la tarea propia de la Congregación: "...Tengamos por tanto, en nuestros corazones un amor particularmente tierno hacia aquellos marginados, a los que nadie presta atención"... 

En nuestras Constituciones este deseo de Alfonso se sigue realizando en cada contexto social. Leemos en  Constituciones 4 y 5  "Entre los grupos humanos más necesitados de socorro espiritual, los Redentoristas han de dar preferencia a los pobres y humildes de condición y a los oprimidos, cuya evangelización es señal de la llegada del Reino de Dios ( cfr. Lc 4,18) y con quienes ha querido Cristo en cierto modo identificarse (cfr. Mt. 25,40) .

La preferencia por las situaciones de necesidad pastoral ó de la evangelización propiamente dicha y la opción por los pobres constituyen para la Congregación su misma razón de ser en la Iglesia y el sello de su fidelidad a la vocación recibida" . Los Redentoristas no debemos pasar por alto el grito de los pobres. Debemos entregarse por entero a la redención del hombre en su totalidad, a la justicia social y al desarrollo del hombre en plenitud "  

Este servicio a los pobres se desarrolla de muy diversas maneras en los cinco continentes y en más de 77 países diferentes. Muchos Redentoristas trabajan directamente  en los grandes cinturones suburbanos, con los pobres en el Tercer Mundo, con los leprosos, con los drogadictos, con los enfermos y presos, en los barrios pobres y en los campos de refugiados.

ANUNCIAMOS LA ABUNDANTE REDENCIÓN

La tarea principal de los Redentoristas es anunciar la Palabra de Dios, de acuerdo con el lema del escudo   "Cerca de El hay abundante redención"... anunciamos el Evangelio como un mensaje liberador de paz y de esperanza; como una alegre noticia, que presta confianza al hombre de hoy en sus problemas y dudas, en sus angustias y necesidades.

Los Redentoristas, de acuerdo con nuestra propia tradición podemos decir que la misión popular es nuestra principal actividad. 

También, según las circunstancias y las necesidades pastorales, hay otras formas de anuncio: ejercicios espirituales, pastoral de centros de peregrinación, trabajo en las comunidades de base, formación religiosa de los adultos, apostolado de la prensa.

Como Alfonso quería que los Redentoristas predicamos con un estilo muy sencillo. Decía frecuentemente: "...Prediquen de tal manera que todos los comprendan ... El pan de la palabra divina debe ser repartido en pedacitos para que queden saciados hasta los más ignorantes... Aquellos predicadores que se predican a sí mismos causan un gran estrago en la Iglesia».

TESTIGOS DEL EVANGELIO

Como los Redentoristas llevamos el nombre del Redentor, nuestra vida y todos nuestros esfuerzos giran en torno a la persona de Jesucristo. La expresión «Seguimiento de Cristo» define el núcleo de la espiritualidad redentorista.

Por la profesión religiosa los redentoristas consolidamos nuestra existencia personal y comunitaria para dedicarnos por entero al anuncio del evangelio y ejercitarnos en la perfección de la caridad apostólica, que es lo que constituye el fin propio de la Congregación.

Escogidos para la obra a que hemos sido llamados (cf. Hch 13,2), los redentoristas estámos dispuestos a entregarnos de por vida a la vocación y a renunciar a nosotros mismos y a cuanto poseemos para ser discípulos de Cristo y hacernos todo para todos (cf. 1Cor 9,22).

Dentro de la Iglesia, que continúa y desarrolla la misión salvadora, los redentoristas siguen el mismo camino que Cristo: el camino de la virginidad, de la pobreza, de la obediencia, del servicio y de la inmolación de sí mismo hasta la muerte, de la que salió vencedor por su resurrección.

Por esta total entrega a la misión de Jesucristo, los redentoristas compartimos la abnegación de la cruz del Señor, la libertad virginal del corazón, la profunda disponibilidad para dar vida al mundo. Por consiguiente, al anunciar la vida nueva y eterna procuramos ser ante los hombres signos y testigos de la fuerza de la resurrección de Cristo.

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